Agricultores y consumidores coinciden: denuncian la falta de transparencia en la información ofrecida por el Ministerio de Sanidad y Consumo, lo que, según señalan, aumenta la dimensión de la alerta y está perjudicando la imagen de este producto.
Por un lado, las organizaciones de consumidores creen que ha fallado la red de vigilancia alimentaria, en concreto las medidas de inspección y las analíticas de los alimentos. De ahí que la Federación Andaluza de Consumidores en Acción, Facua, asegure que cuando se conozca el nombre de las marcas contaminadas a la venta en España, exigirán que se sancione con infracciones severas a los responsables.
FAcua, advierte de que, pese a la retirada del producto de los establecimientos de venta, el riesgo existe aún por su presencia en hostelería y comercios pequeños.
En cuanto a las recomendaciones a los consumidores, desde FACUA, confiesan no saber que actitud tomar ante las contradicciones de las informaciones oficiales, y sólo recomiendan cautela.
También, indignación por parte de los agricultores, que lamentan que la falta de información oficial haya perjudicado a todo el sector.
Desde Coag, se llama a la tranquilidad y asegura que el aceite de girasol que se consume en España es de producción propia, por lo que asegura que no está contaminado.
En la misma línea, los productores de pipas de girasol, aseguran que la partida contaminada no ha entrado en la cadena alimentaria. Y además aseguran que por los procesos de refinería se reduce la contaminación.
Así, consumidores y agricultores coinciden en reclamar a las administraciones que se depuren responsabilidades y se desarrolle una investigación hasta las últimas consecuencias.
Lo más inmediato ahora es analizar las 600 marcas de aceite que faltan para conocer cuáles han comercializado el producto contaminado. Un trabajo que no finalizará hasta dentro de dos o tres semanas. Es la estimación que hacen desde la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición.