La baja rentabilidad de la actividad agrícola, unida al imparable crecimiento del sector servicios en la economía andaluza y el boom del ladrillo en esta década, son los principales culpables de esta situación. La actividad agrícola sólo crece en provincias como Huelva y Almería, donde cada vez hay más hectáreas dedicadas al cultivo de secano, cítricos e invernaderos.
Pero en estas zonas, el principal perjudicado es el bosque que ve reducida su extensión porque allí también han aumentado los terrenos destinados a nuevas construcciones.