La decisión supone un viraje de la posición de Brasil en este asunto, ya que en los últimos meses abogaba por una solución negociada al conflicto.
Brasil, que junto a Turquía realizaba un esfuerzo diplomático este verano para impedir el endurecimiento de sanciones contra Irán, parece unirse ahora a la posición defendida por las principales potencias occidentales. Las sanciones pretenden impedir que la República Islámica siga desarrollando su programa nuclear y pueda tener en el futuro su propio armamento atómico.