Era al Río Guadiamar al que iban a parar los seis millones de metros cúbicos de lodos tóxicos procedentes de las Minas de Aznalcóllar.
Hasta el momento, el Gobierno autonómico ha invertido más de 160 millones de euros en su restauración y la empresa, Boliden, insiste en sus esfuerzos. Sin embargo, los ecologistas advierten de que los efectos del vertido se mantienen.