Jornada de reflexión y reivindicación que incide en los retos y necesidades que aún se marca la lucha por la igualdad. En 2010, esta demanda activa y visible por la equidad entre géneros cumple 100 años.
Hace justo un siglo, la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas decidía que el 8 de marzo serviría para reclamar mejores condiciones laborales y un mayor protagonismo social de este sector de la población. Dos años después, en 1912, se aprobaba la “Ley de la Silla”. Esta norma establecía que cada mujer tenía derecho a disponer de una silla en su puesto de trabajo.
La norma consta como el primer logro de la lucha por la igualdad, aunque aún quedan tareas pendientes. Y ése es el mensaje que lanzan hoy instituciones y organizaciones sociales: la demanda de políticas de género más efectivas.
Favorecer medidas igualitarias y reales. Es la demanda más repetida en este 8 de marzo; la batalla diaria de millones de mujeres que luchan por conseguir igualdad plena en materia económica, social, laboral y familiar.
Los 100 años que van desde la celebración del primer Día Internacional de la Mujer, están marcados por victorias y retos. Las primeras —las conquistas— quedan plasmadas en la legislación vigente y en las medidas que, cada vez más, se introducen en las políticas públicas. Ahora, la mujer accede a la educación en igualdad de condiciones y hay normas que velan por su acceso al mercado laboral.
Sin embargo, los expertos insisten: sigue existiendo cierto desarraigo, condicionado por la tradición y la historia. Las mujeres son las que se encargan todavía del cuidado de los mayores y los más pequeños de la casa. Algo que dificulta su incorporación al mercado laboral.
Estas deficiencias perduran dentro de los puestos de trabajo. Las mujeres continúan percibiendo salarios inferiores a los de los hombres. Sólo un dato: en Europa, el salario medio de las mujeres es un 15 por ciento inferior al de los hombres; en Andalucía, ronda el 30 por ciento.
En este sentido, las organizaciones sociales y sindicales reclaman políticas efectivas que actúen a largo plazo, que cambien la mentalidad de la sociedad y trabajen desde la realidad de la mujer. Recuerdan que deben transmitir esos nuevos valores deben y dejar de pensar en la igualdad como algo extraordinario.