Según la patronal, antes de la recolección, los agricultores obtenían un euro y medio por cada kilo de pipas, mientras que ahora, y sin justificación, el pago no alcanza los 90 céntimos.
A esto hay que sumar el incremento de los costes de producción que ha llevado al productor a una situación ruinosa. Asaja denuncia que los grandes compradores imponen estos precios, aprovechando que los agricultores no tienen capacidad para almacenar toda la cosecha. Además, la caída de precios en origen contrasta con el de su valor en los supermercados. Allí, el litro se vende a 1 euro y ochenta céntimos, el doble de lo que reciben los productores, por lo que recomiendan a todo el sector que no admita el abuso que suponen estos precios.