La organización ecologista asegura que la industria sigue construyendo vehículos cada vez más rápidos y con más potencia, pero con altos niveles de CO2, el principal gas de efecto invernadero.
Greenpeace denuncia además, que durante 17 años la industria automovilística ha presionado a la Unión Europea a favor de sus intereses económicos y ha conseguido retrasar la creación de esta ley.
Así lo explica Carlos Bravo, responsable de la campaña de energía y cambio climático en Greenpeace, quien exige que las instituciones comunitarias sancionen a la industria y hagan cumplir los niveles de emisiones marcados.
Desde Greenpeace afirman que si la Unión Europea sigue cediendo ante el sector automovilístico, será muy difícil que cumpla con los objetivos del Protocolo de Kyoto para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.